Colombia 42 05
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Alfonso López, nuevo Presidente de Colombia La SI 09/05/42 p. 7-8

Alfonso López, nuevo Presidente de Colombia
La SI 09/05/42 p. 7-8


    En ese derrumbe de la democracia en América, casi todos los países gobernados por dictaduras desde hace muchos años, constantemente hemos notado dos excepciones a las que ahora hay que añadir otra: Chile, Colombia y Argentina. Nadie diría, porque hombres somos, que no haya sombras en el cuadro democrático de estos tres países. Sería un grave error confundirlos con esa “democracia” uruguaya que barre con el parlamento, o con esa dictadura brasileña, que tan cara es a Estados Unidos, diez años de dictadura personal sin consulta alguna a parlamentos inexistentes.
    A través de esos tiempos tempestuosos, Chile y Colombia han restado fieles al viejo sistema, y se ha unido a ellos ahora Argentina. Chile celebraba elecciones presidenciales  correctas dentro de las costumbres usuales, y el Presidente elegido ha sido reconocido gustosamente por todos los sectores de la nación como cabal expresión del momento nacional. El Vicepresidente argentino, Dr. Castillo, ha realizado últimamente elecciones parlamentarias y provinciales en plena atmósfera democrática. Y en Colombia es usual ese temperamento, los gobiernos atentos en lo posible a auscultar cual es en cada instante la voluntad de la nación, a pesar de ser esa auscultación  tan difícil dentro de un régimen individualista desorganizado.
    En estos días se han celebrado nuevamente elecciones en ese país. Y ha salido triunfante de las urnas, por unos 550.000 votos contra 350.000, el candidatos de las izquierdas liberales, Dr. Alfonso López, que fue ya Presidente de aquella República en el período inmediatamente anterior al actual Presidente cesante, Dr. Eduardo Santos.
    En Colombia no existen más que dos partidos, aunque constituidos los dos por diversas fracciones y grupos:  el Conservador y el Liberal, los mismos –al menos nominalmente- que formaron el espinazo gubernamental de todas las Repúblicas americanas a lo largo del siglo pasado.
    Hasta fin de siglo, las luchas partidarias fueron en Colombia largas y sangrientas.  A través de una –recia y feroz- que duró Mil Días, el Presidente Teodoro Roosevelt “se hacía” con el canal de Panamá por la fuerza bruta, y el país quedaba desmembrado bajo la amenaza de la democracia norteamericana. Solo así aquellos partidos aprendían algo, coincidiendo en la necesidad de pelear, en adelante, en paz y tranquilidad mediante el voto electoral.
    Hubo paz durante dos o tres décadas, usufructuando los conservadores el Poder. Empero, hacia 1930, por causas explicadas en estas columnas en su tiempo, triunfaban los Liberales con Olaya Herrera, su candidatura con más votos que las dos candidaturas conservadoras que se peleaban entre sí.
    Tras Olaya Herrera triunfaba, también liberal, Alfonso López, y ejercía de tal modo la presidencia que incorporaba definitivamente al partido liberal los nacientes movimientos socialista y comunista que apuntaban en varias regiones, ya industriales, ya campesinas a base de negocios de norteamericanos, especialmente, en la zona norteña bananera, ya petrolera: Colombia, después de Venezuela y Méjico, el país más abundoso en aceite mineral
    Olaya Herrera tuvo el acierto de comprender  que había que asestar los primeros golpes, por dolorosos que fuesen, al sistema social que trataba de hecho al obrero como animal de carga. El Partido Conservador había incorporado a su programa los dictados de la “Rerum Novarum”, pero al estilo de otros partidos conservadores de otros países americanos, es decir, verbalmente y refunfuñando, sin que se viese prácticamente nada que mostrase aquellos primeros pasos hacia una zona social más luminosa. Y estas maneras prácticas –las únicas que importan en política, cualquiera que sea el programa teórico- se encontraban con dos movimientos que habían de mermar al viejo Partido Conservador mayoritario millares de votos. Por un lado, la actuación de Alfonso López, que en vano –e injustamente- tachaban de comunista los jefes del conservadurismo. Esa acción atrajo al Partido Liberal a una buena masa de pueblo minero e industrial. Por otro lado, entre la juventud conservadora –en su sector intelectual, aleccionada por los jesuitas- surgía un movimiento contra los viejos, y el aliento era tal, que no faltaron aún eminentes sacerdotes que aplaudían incondicionalmente la labor social del Presidente López.