Guerra 1939 42 06 20
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Otra vez en Kharkov.  En el norte de Kharkov La SI 20/06/42  p. 1-3
Ante el Verdun africano La SI 20/06/42 p. 3-5
Japón en las Aleutinas. Ocupación japonesa de las islas Ratas La SI 20/06/42 p. 5-6
Los aliados firman y hablan. Dos Tratados y dos discursos La SI 20/06/42 p. 6-8
Otra vez en Kharkov.  En el norte de Kharkov
La SI 20/06/42  p. 1-3

 a) El mapa de la portada nos muestra a ojo de pájaro, todo lo largo del frente ruso, comparando la situación actual con la obtenida a principios de Diciembre  pasado cuando los germanos  hicieron ¡alto! ante el general Invierno que avanzaba a trancos largos. Y es bueno que ahora, cuando estamos en víspera de otra embestida general, uno se haga cargo de cómo fueron entonces y cómo son ahora las cosas.
 La línea de puntos gruesos que de Murmansk baja hasta Taganrog en el Azof, marca la situación avanzada de los ejércitos alemanes al parar la embestida de otoño. Es entonces cuando los aliados prometían a Moscú el oro y el moro, si sabía aprovechar la estación invernal realizando un esfuerzo máximo contra los soldados del Eje, inmovilizados por el frío y quién sabe si por otras causas, como ser escasez de material. La situación era muy bien pintada a los rusos. Nadie negará que los Gobiernos aliados son de fácil verba y abundosa retórica.  Esa envoltura literaria debía influir mucho para que Stalin tragara la píldora. Seguramente que, dentro de esa envoltura deslumbrante, había algo substancial que valía la pena de ser tenido en cuenta. Mr. Eden podría explicarnos en qué consistía ese algo substancioso. Nosotros hemos afirmado –y nadie será capaz de negárnoslo- que se trataba de una Anticarta del Atlántico, prometiendo los aliados a Rusia que aquello del derecho de autodeterminación  de los pueblos no sería tenido en cuenta para la mitad de Europa que Rusia y sus intereses quieren tener  en el futuro bajo su vigilancia paternal…y su imperialismo.
 Así comenzaba aquella furiosa embestida para la cual Rusia dejaba vacío su Extremo Oriente, acumulando sobre la línea rusa de batalla a toda la fiera ancianidad de los siberianos y sus parientes, al lado de una promoción de jóvenes llamados a las filas. Para ello los aliados surtieron a Rusia de voluminoso material, llevado principalmente por el Ártico. 
 Además del Ideal (amos de media Europa) y la envoltura retórica, había un tercer factor estimulante, especialmente apto para entusiasmar a pueblos que no han visto cara a cara la victoria:  el aspirar británicos y rusos, al vencimiento rápido del Eje, con aquellos planes locos, sin pies ni cabeza como ha mostrado la experiencia,  de llegar fácilmente los rusos como rodillo  aplastante sobre Alemania y los británicos desde el África sobre Italia y dar la guerra por terminada. Conocemos en estas columnas esos planes y no hay que rehacer lo hecho ya. La diferencia única estaba  en que los rusos debían llegar a realizar  esas ilusiones locas luchando como fieras, mientras que los británicos habían de llegar a ellos forjando armas que pagaba Rusia. 
 No diremos que los soldados de Stalin no se comportasen bravamente. Ni que su Estado Mayor careciese de don estratégico. Ni que Rusia entera ahorrase esfuerzos. Fue esa campaña de invierno  una magnífica muestra de lo que es capaz bélicamente el Soviet. Y si fracasaba en ese esfuerzo supremo, la causa estaba solamente en chocar su magnífica estrategia con una estrategia superior, y el esfuerzo de sus soldados incansables con el esfuerzo mayor de los soldados del Eje.
 En el mapa de la portada, a lo largo de la línea de puntos gruesos, hay ciertas zonas puntuadas. Son los espacios que lograron ocupar los rusos, no solo por esos esfuerzos innegables, sino también porque se trataba de avances indefendibles, de la mayor parte de los cuales  habían de retirarse, supuesto que no les convenía continuar la ofensiva en aquellas circunstancias climatéricas, los del Eje.   
 La línea de partida, ahora, está marcada por el borde occidental de esas pequeñas zonas puntuadas, donde las hay; y en el resto, por la misma línea gruesa. Y nos conviene hacer notar una circunstancia de interés: esas zonas puntuadas están, en su mayor parte,  en la parte norte de la línea, especialmente en la zona cercana a Leningrado. Es decir, donde menos convenía al Comando ruso. Porque su interés suprema estaba precisamente en la parte sud, en esa Ucrania maravillosa donde el suelo es un paraíso, los metales abundan y la organización industrial soviética está en su desarrollo máximo.
 En la parte oriental del mapa, de norte a sud, una gruesa línea corre a lo largo de los ríos Duina y Volga. No la pierdan de vista los que quieran vislumbrar donde estaría el objetivo  de la